Intérpretes de la vida


Nos relacionamos con el otro no a partir del conocimiento de sus intenciones y deseos sino a partir de nuestras presuposiciones sobre las que creemos son sus intenciones y deseos. Y no solo eso: además, contrastamos sus intenciones con las nuestras y en función del resultado valoramos la situación generando así una percepción emocional. Si, además, tenemos en cuenta otros condicionantes como por ejemplo el contexto, experiencias anteriores con esa misma persona, los "ruidos comunicativos" (dificultades expresivas) y sobre todo las expectativas que nos hayamos creado, todo ello sumado hace compleja la comunicación, es decir, la consideramos "difícil"


¿Cómo evitar que esto suceda?: Sería un error desmerecer nuestra capacidad/habilidad comunicativa. Pero en las relaciones las hipótesis hay que tratarlas con especial delicadeza. Las podemos hacer para nosotros mismos pero nunca arrojarlas al otro convencidos de que tenemos razón o es que ¿A caso sentimos y razonamos como ellos?. ¿A caso es fácil hacer un escaner de los pensamientos ajenos?. Si a menudo ni nosotros mismos acabamos de explicarnos cosas que hacemos, no hacemos o pensamos ¿No crees que dará mejor resultado si nos acostumbramos a preguntar las cosas?.


"Preguntando evitamos presuponer, aclaramos la información y, lo más importante, hacemos pensar al otro sobre sus propios pensamientos"



"El significado de la comunicación se mide por la respuesta que obtengo del otro"



Existe una expresión popular que dice: "Del dicho al hecho hay un trecho". Pues bien, a menudo, ese trecho consiste en el desequilibrio entre lo emitido y lo entendido. No hay nada peor que presuponer que "hablando el mismo idioma" ya nos vamos a entender: Pues no¡. Como veremos ni siquiera las palabras tienen el mismo significado para cada uno de nosotros, porque dependen del valor significante que tenga en nuestra experiencia


Atender a los procesos comunicativos propios es una tarea muy recomendable, no solo porque favorece la mejora en las relaciones interpersonales, sino para que tomemos conciencia de aquello que estamos comunicando. Os habéis hecho esta pregunta: ¿Qué estoy comunicando?, ¿Cómo comunico? y una buena manera de encontrar la respuesta a esta cuestiones es: ¿Qué estoy recibiendo de los demás?, ¿Qué me están comunicando?


La vida es como un eco, si no te gusta lo que recibes presta atención a lo que emites. Vamos con la cabeza atiborrada de obligaciones, compromisos, etc que no atendemos a los mensajes sutiles que estamos recibiendo constantemente de la personas con las que nos comunicamos


Sin tiempo y sin serenidad interior difícilmente captaremos las sutilezas que se esconden detrás de un tono de voz, en la comisura de los labios o en el parpadeo de los ojos


Laura Estellers


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