Retos al instinto de la felicidad: miedo y ansiedad


"Donde está el miedo no está la felicidad" (Séneca, Cartas a Lucilius, Siglo I)



El miedo, al igual que el dolor, es un reflejo natural indispensable para la supervivencia, pues nos permite detectar situaciones de peligro y protegernos. Desde la infancia, el miedo modela nuestras vidas


En la especie humana, el papel del miedo ha evolucionado y se ha expandido más allá de su misión natural de anticiparnos a los peligros tangibles de nuestro entorno. Así, por ejemplo, el miedo nos advierte del sufrimiento emocional que nos espera en un futuro, cuando nos enfrentamos al rechazo, al abandono o a la pérdida de un ser querido. Además, no solo nos angustiamos por nuestros propios problemas sino por los de los familiares, hijos, amigos, etc


Cuando el miedo no es consecuencia de una amenaza objetiva, sino que consiste en un estado de angustia, sin una causa específica, aparece la ansiedad, es decir, cuando el sufrimiento de la persona se basa en males que nunca ocurrieron


No obstante, el ser humano es capaz de llevar a cabo la introspección y mediante este mecanismo analizamos nuestras ideas, emociones, etc.; miramos hacia dentro buscando el porqué de nuestros sentimientos y conductas, intentando encontrar y dar una explicación a todo aquello que nos sucede


Pero estar constantemente analizando nuestros pensamientos puede llegar a ser del todo perjudicial, impidiendo darnos la oportunidad de vivir momentos felices


En la actualidad, la incertidumbre constituye una de las causas más frecuentes de ansiedad. De hecho, esta sensación, solo consigue atemorizarnos, en lugar de darnos a conocer las probabilidades de vernos afectados por situaciones peligrosas concretas


Los seres humanos pensamos continuamente en lo que vamos a hacer más tarde, en un futuro, por lo que cuanto más incierto nos parece el porvenir, más espacio dejamos a que la ansiedad nos sacuda con fuerza


El miedo y la ansiedad a menudo van de la mano del estrés. Si el grado de estrés es de poca intensidad éste es bueno pues nos mantiene alerta y vigoriza, ya que estimula la dopamina. Cuando el nivel de estrés es excesivo, aflige de manera importante nuestro estado de ánimo y trastoca seriamente nuestras funciones orgánicas


Si bien el miedo permanente, la ansiedad crónica o el estrés incontrolado empapan de pesimismo nuestra percepción de la realidad, impidiéndonos satisfacernos de todo aquello que nos reporta la vida, nunca debemos olvidar que, afortunadamente, hoy en día existen tratamientos terapéuticos para contrarestarlos.





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