Mujer y autovaloración


El reparto de la autoestima entre hombres y mujeres ha sido, desde hace décadas, un tema de estudio no exento de controversia. Si analizamos la historia de la mujer y la del hombre no se nos podrá negar que cientos de libros sagrados, filosóficos y de ciencia han dado pábulo a teorías e ideologías devaluadoras de la mujer. Entre los primeros, nos encontramos con el Génesis - donde Dios subordinó la creación de la primera mujer a la necesidad de compañía del hombre y la esculpió de una de las veinticuatro costillas de Adán - hasta aquellos pronunciamientos que consideran explícitamente que los varones son los únicos embajadores del reino de los cielos ante los pobres mortales


La filosofía, con Aristóteles a la cabeza, juzgado por muchos como el referente intelectual más importante de todos los tiempos, afirmaba en su obra De generatione animalum que las mujeres eran seres inferiores porque tenían la sangre "más fría" lo cual mermaba su capacidad para razonar. Decepciona que estas teorías basadas en razonamientos absurdos, que durante milenios propugnaron la inferioridad del género femenino, no fuesen desechadas a lo largo de la historia por personajes de tan reconocido prestigio como Hipócrates, Galeno, Darwin, Freud o Einstein. No menos discriminatorias han sido las políticas contra la mujer, promulgadas por líderes sociales y políticos de todos los colores e ideologías desde hace, por los menos, más de seis mil años cuando se establecieron las primeras ciudades sumerias


Esta situación insostenible comenzó a cambiar en el último siglo y medio cuando un puñado de intrépidas feministas, apoyadas por algún varón insigne - John Stuart Miill, quien en 1895 propuso legitimar el voto femenino - desplegaron en Europa y EEUU las bases para la igualdad de derechos


Por todo ello, no debe sorprender que el sexo masculino tenga una percepción y valoración de sí mismo más alta que las mujeres. Aparte de las secuelas que haya podido dejar en la mente de las mujeres la devaluación histórica de casi todo lo femenino, una más alta proporción de mujeres que de hombres interioriza una noción desfavorable de su físico, incluyendo su aptitud para los deportes. Este desagrado o reproche de la mujer hacia su físico se acrecienta a finales de la adolescencia y continua durante la adultez, ello explicaría que exista un índice más alto de mujeres con problemas de anorexia y bulimia que los hombres


Otra variable que ayuda a explicar la inferior autovaloración del sexo femenino es el dato demostrado de que ciertas dolencias y patologías que dañan negativamente la autoestima - depresión, ansiedad, miedos o fobias - afectan con mayor frecuencia a las mujeres. Por el contrario, los trastornos emocionales que tienen una mayor incidencia en los hombres - como personalidad antisocial, carácter paranoico o narcisismo - no disminuyen necesariamente la autovaloración e incluso, a menudo, generan en los afectados un destructivo complejo de superioridad. Precisamente esos hombres que padecen alteraciones en su personalidad, como las que acabamos de citar, permanecen enclaustrados en su mundo de dominio, de poder y de egocentrismo, lo que les permite tener una alta autoestima global. Pero, estos hombres, no tienen cuenta lo que los demás piensan de ellos. Este hecho podría explicar que la autoestima de los acosadores violentos o de individuos con amplio historial delictivo sería más alta de lo esperado.


Afortunadamente, en el mundo occidental, y en la actualidad las mujeres valoran al mismo nivel que los hombres su capacidad intelectual, su sociabilidad y su competencia en el trabajo.

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