La decisión de romper


"Cuando tienes que elegir y no eliges, esa es tu elección" (WILLIAM JAMES)

Cuando las relaciones de pareja se formalizan públicamente en el matrimonio, adquieren una nueva dimensión que queda reflejada en un rosario de expectativas de convivencia amorosa, segura, fiel y duradera. Precisamente por esa creencia generalizada de que la unión de la pareja es un paso necesario para conseguir una vida feliz, muchas parejas desilusionadas con el resultado de su relación deciden un día poner fin a la misma


Cada día son más las parejas que aceptan poner fin a una relación que se ha convertido en una fuente inagotable de insatisfacción y disputas


Mi experiencia profesional, tanto como letrada como terapeuta, me reafirma en la idea de quienes deciden acabar su relación de pareja no hacen más que aplicar el remedio final a una dolencia insufrible. Con todo, romper una relación en la que hubo y se marchitó el amor supone una elección dolorosa no exenta de un enorme reto e implica, a menudo, un proceso agónico


No obstante, rehuir la decisión es también una forma de decidir. No pocas parejas evitan cuestionarse la viabilidad de su relación, no buscan remedios que les ayuden a salir del túnel de su infelicidad. Su inercia se alimenta de dudas, miedo, inseguridad y pesimismo


SEAMOS OPTIMISTAS la mayoría de las rupturas que he presenciado no significan la muerte del amor sino la ilusión de encontrarlo de nuevo. Reflejan un cambio, pero también continuidad. Un final y también un principio, con un túnel de por medio. Porque la necesidad humana de la relación amoroso es arrolladora

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