Conexiones afectivas


"La felicidad está hecha para ser compartida"

(Pierre Corneille; Surena 1674)




La fuente más habitual de gratificación es la conexión entre las personas, bien sea en el contexto de la pareja, la familia, los amigos o con aquellos con quienes compartimos alguna actividad de interés común. En suma, podemos afirmar que la predisposición natural a relacionarnos alimenta el motor de la felicidad y constituye la pasión por vivir


Nuestra forma de satisfacer la necesidad vital de establecer lazos afectivos con los demás, se configura de acuerdo a nuestro temperamento así como las experiencias vividas en la infancia y adolescencia con nuestros padres, abuelos, hermanos, y personas importantes de nuestro entorno. Poco a poco, nuestra personalidad, se va forjando y reflejando, en aquellas relaciones que creamos y en el significado que les damos


En los momentos más tormentosos de nuestras vidas, los lazos afectivos son un eficaz salvavidas. Está ampliamente demostrado que aquellas personas felizmente emparejadas, o los que se sienten parte de un hogar familiar o grupo solidario, muestran un nivel de satisfacción con la vida superior que quienes viven desconectados o sin soporte emocional


Todas las relaciones requieren mantenimiento, necesitan ser pulidas periódicamente para poder responder adecuadamente a los cambios de la vida y resolver vicisitudes que surgen a lo largo de nuestra trayectoria vital


Todos buscamos el equilibrio emocional en nuestras conexiones afectivas con otras personas. Y es que la capacidad del ser humano para convivir felizmente no es un mito, ni un don divino, sino una aptitud natural congruente con el instinto de felicidad que alimenta la supervivencia de la especie.

















Entradas recientes
Archivo
Buscar por tags
Síguenos