La Ira: una emoción cargada de energía


La ira es una emoción cargada de energía que abarca todo el rango que va desde la rabia hasta el resentimiento leve.

Podríamos decir que incluye sentimientos como la venganza, la furia, los celos, el victimismo, el rencor, la indignación, el odio, la agresión, la violencia, el desprecio, la cólera, las discusiones, la hostilidad, el sarcasmo, la impaciencia, la frustración, la negatividad, el abuso la confrontación, la agitación, la repulsión, la mezquindad, la amargura, la rebelión y la obstinación. Estas variantes de la ira están bien ejemplificadas en las noticias de los telediarios.


Hay una gran cantidad de energía en la ira. Por eso, cuando estamos irritados o enfadados podemos sentirnos cargados de energía.


Uno de los trucos que aprendemos es a pasar rápidamente de la apatía y la tristeza a la ira para luego pasar de forma sucesiva de la ira al orgullo y del orgullo al coraje.

En la ira hay mucha energía para la acción y esto lleva a hacer cosas en el mundo.



Usar la ira positivamente


Es común que las personas repriman su ira. No se dan cuenta de que la ira reprimida no pierde su energía y que, si no es reconocida y gestionada, puede repercutir negativamente en la salud. La intención que está detrás de la ira es negativa y tendrá consecuencias negativas aunque no se exprese. Por ejemplo: el jefe que no valora el trabajo de la empleada; esa energía de la ira puede ser empleada para crear un nuevo proyecto.


La ira reprimida no pierde su energía y que, si no es reconocida y gestionada, puede repercutir negativamente en la salud.

En las relaciones personales sucede igual: podemos emplear esa energía para mejorar nuestra comunicación y generar mejores relaciones.



Autosacrificio


Hay muchas fuentes de ira. A menudo, una constelación de sentimientos de ira, está conectada con el miedo y la ira desaparece cuando soltamos ese miedo. Otra fuente de ira es el orgullo y, especialmente, esa variante del orgullo llamada vanidad. Con frecuencia el orgullo alimenta y propaga la ira.


La fuente del orgullo está conectada con el autosacrificio. Si las relaciones con los demás están asociadas al sacrificio, nos hacemos proclives a la ira que vendrá mas adelante porque, generalmente, la otra persona no será consciente de nuestro “sacrificio” y, por lo tanto, será poco probable que cumpla nuestras expectativas. Un buen ejemplo lo encontramos en algunas relaciones matrimoniales donde parte de la ira surge del orgullo de haberse sacrificado.


La manera de contrarrestar esa ira es reconocer y renunciar al orgullo, al placer de la autocompasión y considerar nuestros esfuerzos en favor de los demás como un regalo. La recompensa es la alegría que nos produce ser generosos con los demás.


El reconocimiento


Uno de los grandes secretos de las relaciones es el reconocimiento. El comportamiento de los demás hacia nosotros siempre incluye un regalo escondido e incluso si ese comportamiento parece negativo hay algo en él para nosotros. Normalmente ese ese algo aparece en forma de señal para que seamos conscientes.


Todo el mundo en nuestra vida actúa como un espejo. Los otros reflejan lo que no hemos podido reconocer en nosotros mismos. De forma que constantemente tenemos que soltar nuestro orgullo para deshacer la ira y poder agradecer las continuas oportunidades de crecimiento que se nos presentan en la vida cotidiana.


Todo el mundo en nuestra vida actúa como un espejo.

Una de las formas en que nos forzamos a salir de situaciones insatisfactorias es pensando que nosotros o la propia situación es mala o está equivocada. Por ejemplo: mantenernos en un mismo puesto de trabajo a pesar de las insatisfacción que nos produce. ¿Por qué no cambiamos esa situación que tantos disgustos nos da?, ¿qué ocurre?... Pues que nuestra sensación de obligación y la culpa que sentimos nos bloquean el camino más simple. En otras palabras como nos sentimos beneficiarios de una situación nos sentimos culpables por abandonarla.


A veces la sensación de obligación y la culpa nos bloquean el camino más simple.

Uno de los orígenes de la ira son nuestros actos de amor no reconocidos. Muy a menudo sostenemos, durante demasiado tiempo, un monologo interior acerca de nuestro resentimiento porque el otro no reconoce nuestros gestos de amor y a la inversa.


Si estás pasando por momentos en que sientes que la ira lleva el timón de tu vida, contacta con nosotros y juntos descubriremos su origen y retomaremos el rumbo.






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