Apariencias y disfraces


" Las personas somos actores que actúan para los demás, pero actúan de forma muy diferente cuando están en el escenario que cuando lo hacen entre bastidores" (ERWING GOFFMAN, La presentación de uno mismo en el día a día, 1959)


Si bien es cierto que los demás, generalmente, reparan en nuestros gestos y aspecto exterior, la palabra es el medio que mejor dominamos y el acostumbramos a utilizar como carta de presentación


Además de la palabra también utilizamos, de manera consciente, elementos no verbales que modelan la autodefinición ante los demás: la forma de vestir, expresiones faciales, gestos, mirada, disposición, tono de voz y todo lo que integra el "lenguaje corporal"todos ellos dan pistas sobre nuestro estado de ánimo, opiniones, intenciones y manera de ser


Igualmente, las emociones, no solo las sentimos nosotros sino que, aunque no las comuniquemos verbalmente, se las transmitimos a los demás. La manera en que expresamos o disimulamos nuestros sentimientos y la carga emotiva con que acompañamos a nuestras palabras dicen mucho de nosotros y de nuestra capacidad para conectar genuinamente con aquellos que nos escuchan


Somos conscientes de que percibimos más favorablemente a las personas que expresan emociones positivas que a las que comunican las negativas. Una sonrisa unida al contacto visual comunica jovialidad, entendimiento y aceptación a la otra persona. Por el contrario, hay estados de ánimo que provocan rechazo y distanciamiento en los demás. A la mayoría de las personas no les resulta fácil compartir su tiempo o su atención con personas melancólicas, derrotistas, quejumbrosas, etc


El físico también es un factor relevante en lo que atiende a nuestra identidad social. Está demostrado que mujeres y hombres físicamente atractivos se les juzga, incluso a primera vista, como más exitosos y capacitados socialmente (no voy a hablar en este artículo acerca de mi opinión sobre el término "atractivo/a", dado que éste pudiera constituir en muchos casos un estigma social). De ahí que no deba extrañarnos el que tantas personas inviertan enormes recursos tanto emocionales como materiales, en mejorar su apariencia física


La presentación de uno mismo también tiene que ver con las personas con quien nos asociamos en público. También el contexto en el que nos movemos y los objetos con los que nos rodeamos contribuyen a formar nuestra identidad pública


Las situaciones que provocan los peores estados de ansiedad en un contexto social son aquellas en las que el individuo quiere dar una cierta impresión ante los demás, pero está convencido de que no lo logrará. La excesiva ansiedad social puede amargar especialmente a quienes se encuentren en situaciones trascendentes para su concepto de sí mismos y su imagen pública; por ejemplo: tener que conversar con personajes en posición social de autoridad o hablar ante un grupo amplio de personas


La preocupación excesiva sobre la impresión que causamos impulsa a muchas personas a prepararse de antemano. Hay quienes lo consiguen relajándose, haciendo ejercicio e incluso automedicándose con con drogas tranquilizantes o ingiriendo alcohol. Pero no pocas veces se "pasan de rosca", pues los efectos intoxicantes de esas sustancias disminuyen y, a veces, hasta eliminan la discreción y la sana evaluación del juicio ajeno, socavan la sensatez y el autodominio, o desfiguran la realidad.






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