Azar y personalidad


"Los comportamientos, no las palabras, reflejan nuestro pasado y predicen nuestro futuro" (GEORGE E.VAILLANT, Envejecer bien, 2002)

Es una idea extendida que la calidad de las relaciones que mantenemos con otras personas dependen tanto de la suerte como de la manera de ser. Es cierto que no podemos elegir nuestro equipaje genético, tampoco de nacer en una determinada familia o de coincidir a lo largo de la vida con personas compatibles o no. De ahí que sea tan consolidada la impresión de que aquellas relaciones más importantes son resultado del azar


Si reflexionamos llegaremos a la conclusión de que nuestras relaciones más significativas están menos condicionadas por nuestra buena o mala suerte que por decisiones que tomamos y que indiscutiblemente están bajo nuestro control


En la parcela de la convivencia, la mayoría de nosotros más que esclavos dependientes del destino, somos realmente sus forjadores


Todas las relaciones afectivas necesitan de un mantenimiento. Necesitan ser afinadas continuamente para poder responder a los cambios normales de la vida. Por eso las buenas relaciones exigen motivación, flexibilidad, saber escuchar, esfuerzo por comprender y saber perdonar


Aquellas personas dotadas de un carácter optimista a la hora de enjuiciar los conflictos les empuja a minimizar el impacto y a buscar el lado positivo de la crisis y alimenta en nosotros la sensación de poder controlar la situación y nos protege de autocastigarnos y desanimarnos. Esta manera optimista no está reñida en absoluto con la aceptación de los problemas reales


Otra cualidad de la personalidad útil a la hora de resolver los conflictos de la vida cotidiana en el ámbito relacional es la capacidad de perdonar. Aunque disculpar los agravios ajenos no es tarea fácil, el no perdonar a menudo nos convierte en seres huraños, amargados y obsesionados, lo que impide la conciliación y recuperación de la armonía y tranquilidad interior


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