La gestión del desacuerdo


"Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia que lo creó"
(Albert Einstein)


El desacuerdo forma parte de la relación, es su otra cara. Acuerdo y Desacuerdo son lo mismo: pautas de relación. El desacuerdo no es malo, es normal y no hay que evitarlo, si bien no todo el mundo lo vive de la misma manera.


Una de las mayores tentaciones que tenemos las personas cuando nos quedamos atrapados en un conflicto relacional, es pretender encontrar la causa que lo motivó. Buscar la causa que originó el desacuerdo sólo tiene sentido si sirve para aunar posturas.


Cuando pretenden saltarse a la torera nuestros principios y/o nuestros valores, saltamos como un resorte y entran en escena las "discusiones" y los "enfados". Ante esta situación, resulta difícil separar pensamientos, emociones y conductas. Se forma una bola de nieve que, como crezca, acabará formando un alud.


Una de las mayores tentaciones que tenemos las personas cuando nos quedamos atrapados en un conflicto relacional, es pretender encontrar la causa que lo motivó.

¿Cómo parar el golpe?

No existen fórmulas para resolver los conflictos ya que cada relación es diferente.

Deberíamos atender a dos elementos que aparecen en el conflicto:


1. Las emociones

2. La conducta


Las Emociones

Deberíamos evitar entrar en el torbellino emocional. No resulta un ejercicio fácil ya que la emoción actúa como una verdad única e indiscutible, pero la presencia explosiva de las emociones es solo un síntoma. Para saber lo que realmente está pasando hay que conectar con los sentimientos que son un mar de fondo más estable y duradero.


Es sabido que "si uno no quiere, dos no se pelean" y, para evitar entrar en discusión le "damos vueltas a las cosas" y así evitamos comprometernos y asumir nuestra parte de responsabilidad de lo sucedido.


Muchas personas, ante situaciones de enfado, reclaman soluciones inmediatas, convirtiendo el proceso relacional en un problema que hay que resolver ya.

Detrás del enfado hay frustración y falta de amor. El camino es la ACEPTACIÓN. Por ello sería útil reflexionar acerca del significado de la aceptación. Para muchos, la aceptación, es igual a tolerancia. Para mi no es así, desde mi punto de vista la aceptación es incondicional y la tolerancia no.


La Conducta

Deberíamos tener en cuenta qué conductas han generado el conflicto. Existe, con frecuencia, una tendencia a criminalizar a las personas por sus conductas. Es decir, a una manera de actuar se le da la categoría de identidad y ello es un auténtico problema para la comunicación. Todas aquellas expresiones que utilizan el verbo "ser" van directamente al centro de nuestra identidad. Ejemplo: "mira que eres burro", en vez de decir, "esto que has hecho es una burrada". Utilizar el verbo "ser" es definir a las personas, etiquetarlas equivocadamente. Una conducta no tiene porque caracterizarnos a no ser que la mantengamos estable en el tiempo y, por lo tanto, se convierta en un rasgo de nuestra personalidad.






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